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" Si los anunciantes se gastaran la misma cantidad de dinero en mejorar sus productos de lo que se gastan en anunciarlos, ni siquiera necesitarían anunciarlos."
Will Rogers

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futuro

De los próximos 10 años me entusiasma todo

Fecha:01-07-2015

Tomado de Adlatina

Sir Timothy “Tim” John Berners-Lee estableció la primera comunicación entre un cliente y un servidor usando el protocolo HTTP en noviembre de 1989. Cinco años después, en 1994, fundó el Consorcio de la World Wide Web (W3C), con sede en el MIT. Y veinticinco años más tarde, en 2015, llegó al Festival Internacional de la Creatividad, Cannes Lions, convertido en una celebridad que puede opinar sobre prácticamente todo lo relacionado con el mundo digital, la inteligencia artificial y, obviamente, el futuro.
La agencia de medios y planning inglesa PHD lo invitó a enfrentarse a los publicitarios de todo el mundo en dos ocasiones, en Cannes: primero, en un seminario de los llamados “grandes”, con largas colas para entrar y duración tirando a fugaz; luego, en un intercambio más cercano y familiar, en una pequeña sala del gran hotel histórico de la ciudad, el Carlton.
Allí, con un modo de hablar levemente ceceoso, un cordón del zapato desatado y la clara sensación de estar algo forzado a lucir una formalidad que no parece coincidir con su modo de ser, hizo explotar en carcajadas a los asistentes más de una vez, principalmente gracias a su entusiasmo y su simpleza.
Por ejemplo cuando preguntó a todo el mundo, nada más arrancar y a boca de jarro, quiénes habían visto “Ex machina”, el largometraje que dirigió el inglés Alex Garland, estrenado este año y que cuenta la historia de un programador que es invitado por su empleador a someter a un test de inteligencia artificial a un androide. “Las máquinas están previendo mejor que nosotros los resultados de las cosas que hacemos”, aseveró.
Cuando le preguntaron si la WWW había superado sus propias expectativas respondió que por supuesto, y agregó: “Lo que habitualmente ocurre con las nuevas tecnologías y los nuevos lenguajes es que la gente se enloquece, empieza a usarlos a niveles inimaginables y termina olvidándolos rápidamente; con la WWW no hubo tal locura fugaz, sino que veinticinco años después de creada es cada año más usada y más fuerte”.
Un momento profundo, que regresó un par de veces, surgió cuando alguien preguntó, casi retóricamente, si hablar de inteligencia artificial equivalía a hablar de emoción artificial. “¡Sí! —casi se exaltó—. ¡Por supuesto! ¡Absolutamente!”. Su explicación continuó, pero a los asistentes les quedó grabada esa simpática reacción de entusiasmo, que volvió a surgir cuando otro asistente le preguntó qué le resultaba más interesante y atractivo cuando pensaba en los próximos diez años: “¡Todo!”.
Así de simple. Tan simple como cuando un nuevo admirador quiso saber qué recomendaciones le daría a un chico de 10 o 15 años de hoy. “No necesitamos programadores —sostuvo Tim—, sino gente que entienda lo que programa. ¡Necesitamos gente con juicio y con ganas al mismo tiempo!”.
La misma simpleza y contundencia que encierra la frase de Stephen Hawking con que PHD abre su libro y que Berners-Lee compartió en un momento con todos los asistentes: “El éxito en crear inteligencia artificial puede convertirse en el mayor evento en la historia de la humanidad. Desafortunadamente, también podría ser el último, salvo que aprendamos cómo evitar los riesgos”.

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