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rutina

Hundidos como el Titanic

Fecha:01-06-2015

Mariana Hernández
Columnista Adlatina

Estás en una junta, mientras revisas los mails y la lista de pendientes y bajas una presentación; esto, sin contar el repaso mental y disimulado de los pendientes personales y la eventual compra de unos boletos para el cine.
No hay otra. Con tanto, no queda tiempo para pensar y menos para trabajar, ¿cierto? Esto lo escucho a diario de amigos y compañeros de uno y otro entorno laboral. El multitasking es nuestra salvación y nuestra arma para sacarle el máximo provecho a cada minuto.
La publicidad de al menos la última década, se ha encargado también de animarnos con mensajes como “nada es imposible”, “ haz lo que tengas que hacer”, “tu eres el héroe” o “el límite es el cielo”. Así que todos aspiramos a hacer más y más.
Acercándome en los últimos años al movimiento de mindfulness, he escuchado atenta pero incrédulamente que el multitasking no existe. “¡¿Cómo?! Si estoy en ello todo el tiempo”. Dicen los expertos que una cosa es pasar rápidamente de un tema a otro y otra de verdad hacer varias cosas al mismo tiempo, lo cual no es del todo posible fisiológicamente.
Lo que sí es cierto es que todos estamos muy cansados: “¿Cómo estás?” “Hundido, como el Titanic; en el ácido; sin un minuto para respirar”. Y nos gusta. No lo neguemos. Es adictivo sentirse cansado. Es casi un honor. Ni modo que digamos “¿yo?, tranquilo y feliz, con montón de tiempo, anoche dormí 9 horas”. No se vería bien.
Leo atónitamente a Byyng-Chul-Han en su libro La sociedad del Cansancio (muy recomendable) cuando dice: “El multitasking no es una habilidad para la cual esté capacitado únicamente el ser humano tardo-moderno de la sociedad del trabajo y la información. Se trata de una regresión. Efectivamente, el multitasking está ampliamente extendido entre los animales salvajes. Es una técnica de atención imprescindible para la supervivencia en la selva”.
¿Selva? ¿Salvajes? Imposible. La sociedad actual es pura evolución. Ahora resulta que la cebra es súper productiva y eficiente en multitasking para pastar y evitar que se la coma el tigre.
Esta afirmación puede ser demasiado absolutista y quizá no considere el impacto que las nuevas tecnologías tienen en la manera en que asimilamos y manejamos la información, con diferentes pantallas a nuestra disposición (sabemos que en México más de la mitad de los usuarios pueden alternar entre al menos dos pantallas). Nuestro cerebro ya está cambiando y nunca será el mismo; habrá que ver cómo puede transformarse esta perspectiva en los próximos 20 o 30 años.
Dice el autor, que la sociedad del siglo pasado era disciplinaria, y en ella nacieron las instituciones que hoy conocemos como mecanismos de regulación (cárceles, fabricas) mientras que la sociedad actual es de rendimiento. Producir y producir. En esas estamos y hay muchos avances sorprendentes nacidos de esta avidez.
Ideas así nos ponen pensar, lo cual es bueno. Gran parte de los logros culturales vinieron de una dedicación atenta y enfocada, con un afán de productividad que jamás busca mermar la calidad del resultado final.
Es interesante preguntarnos si en esta habituación y glorificación del cansancio como estado vital predominante, estamos descuidando la belleza del detalle del resultado final, por no decir el balance vida-trabajo que todos necesitamos.
Invito a seguir cuestionando lo que parecen obviedades y siempre incluir a la dimensión humana en nuestros planteamientos estratégicos, personales y laborales. Cuestionar también la diferencia entre creatividad enérgica e hiperactividad. Hasta qué punto ejercemos nuestra libertad o muchas veces nos hallamos presos de un mecanismo automático.
Observar más, aprender a observar la misma cosa desde diferentes perspectivas siempre será un excelente ejercicio.

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