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La tecnologia no es un fin, es un trampolín

Fecha:22-08-2016

Néstor Ahumada
Escritor invitado

Hace pocos días leí un interesante artículo que afirmaba: “La tecnología es estúpida, no puede adaptarse ni aprender algo por si sola.” Y aunque mi naturaleza humanista está muy de acuerdo con el enunciado, esa patente estupidez es el combustible que enciende la creatividad del hombre.

Las limitaciones (sino las posibilidades) de la tecnología disponible en un momento del tiempo; define a la generación que habita ese espacio de existencia. En su momento, el cine en blanco y negro y la fotografía en sepia determinaron esa época como un periodo nostálgico y romántico. La baja fidelidad característica en las grabaciones acústicas de los años 20 del siglo pasado; fomentaron por mucho, el uso de la trompeta y el trombón porque las grabadoras análogas de la época podían registrar con mayor calidad los rangos de sonido emitidos por estos instrumentos.

Los expertos afirman que los avances tecnológicos que limitarán y definirán las experiencias de nuestra generación e impulsarán los avances de la próxima, serán la realidad virtual y la inteligencia artificial. Sin embargo, una consideración muy importante es que, así como tecnología influye a la sociedad, la sociedad influye de manera correspondiente a la tecnología.

¿Se acuerda de Tay, un software de apariencia femenina, que desarrollo Microsoft bajo la lógica de la inteligencia artificial? Tay interactuaba con usuarios reales de Twitter alimentándose con sus insights y generando respuestas. Pero está realmente no fue la verdadera noticia, sino que Tay, a medida que conversaba con tuiteros, empezó a reproducir odios, expresar xenofobia y expresarse de manera polémicas con respecto a temas sensibles.

En cuestión de horas, su primer y amigable tuitt: “Hellooooooo World!”, se transformó en una serie de pronunciamientos en favor del genocidio, de encerrar a personas de raza negra y judíos en campos de concentración y llamar al feminismo un tipo de “cáncer”. Si la tecnología es un producto de enseñanza y aprendizaje socio-cultural, Tay solo respondió bajo esta lógica enunciando lo que nosotros pensamos.

Hoy vivimos inmersos en una “cultura digital” que provoca transformaciones y establece nuevos paradigmas en busca de la innovación. El proyecto “The Ship” de Brian Eno, “The Next Rembrandt” de JWT y “Deep Dream” de Google (le recomiendo que se informe sobre ellos), son ejemplos de inteligencia artificial colaborando con seres humanos en procesos creativos que producen resultados asombrosos.

Esta interacción no es del todo nueva, artistas de todos los periodos tecnológicos, por así decirlo, han “estirado” al máximo las posibilidades y oportunidades disponibles en su momento para ejercitar y expandir su creatividad.

Y mientras, trabajar con tecnología puede ser una bendición para estimular la creatividad en cualquier actividad, es esencial comprender que el crecimiento no viene con el simple uso de la herramienta, sino de cómo se use para inspirar nuevas perspectivas; de cómo, a partir de sus limitaciones, partimos para desarrollar nuevos avances, eso es la esencia de la innovación. Es un circulo virtuoso, un paradigma sobre la inteligencia humana.

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